Viernes, 01 Diciembre 2017 09:22

Helioterapia

Escrito por

Helios

En la mitología griega Helios era el dios del sol y de la luz, por lo que al sol también se le llamaba Helios.

Este astro es imprescindible para la vida de nuestro planeta. Por ejemplo, las plantas absorben la energía irradiada por el sol, realizando la fotosíntesis. Los herbívoros absorben indirectamente una pequeña cantidad de esta energía comiendo dichas plantas. Y los carnívoros la absorben aún más indirectamente y en menor cantidad comiéndose a los herbívoros.

Aunque dicha fuente de energía sea tan importante para la vida, eso no quiere decir que no tengamos que tomar algunas precauciones al respecto. Vemos como muchas plantas expuestas a un sol intenso se secan. También podemos observar como los animales salvajes o el ganado que pace en los campos, se resguardan del sol cuando hace calor, sobre todo en las horas centrales del día. En el desierto, sus habitantes acostumbran a cubrirse el cuerpo con ropas holgadas, así como sus cabezas y parte de la cara para protegerse del sol, y toman bebidas calientes para no deshidratarse. Las personas que vivimos en lugares donde en verano la temperatura alcanza con naturalidad los 40 grados centígrados y más, sabemos que debemos salir a la calle por la mañana temprano o al anochecer. Ventilar la casa al amanecer, para después cerrar puertas y ventanas, bajar las persianas, y quedarnos en penumbra.

Efecto invernadero

Todas estas precauciones son necesarias cuando el sol y el calor son intensos, pero también hay que tomar precauciones cuando hace frío, en las horas centrales del día, cuando el sol está en lo más alto y las ondas infrarrojas toman la supremacía. La radiación que emite el sol son radiaciones electromagnéticas que van desde el infrarrojo hasta el ultravioleta, aunque las ondas ultravioleta más cortas son absorbidas por los gases de la atmósfera (ozono y oxígeno) y no llegan a la superficie de la Tierra, lo cual nos libra de las ultravioletas más peligrosas para la salud. Sin embargo la atmósfera es opaca a toda radiación infrarroja de longitud de onda superior a 24 micrometros. Esta radiación solar en sí misma no es peligrosa, pero sí la energía absorbida por la Tierra y reflejada a la atmósfera que llega hasta los 40 micrometros. Esto es lo que se conoce como efecto invernadero. La atmósfera no se calienta directamente por la radiación solar, sino de manera indirecta a través de la reflexión de dicha radiación en el suelo y en la superficie de mares y océanos. Cuando los gases de la atmósfera no dejan que se libere el calor, este se multiplica.

Por otra parte también podemos tener efectos adversos si nos exponemos al sol tomando cierto tipo de fármacos, algunas drogas, alcohol o diuréticos. También si tenemos cálculos en la vesícula biliar o cualquier afección hepática que haga que el hígado no pueda deshacerse de todas las toxinas, puesto que cualquier producto que el hígado no pueda eliminar acabará en los riñones y afectará a los pulmones y a la piel. En este caso la exposición al sol agravará los problemas en la piel y aparecerán manchas.

Helioterapia

Sin olvidar todas estas observaciones anteriores, podemos decir que desde épocas muy antiguas se ha observado el poder de la energía del sol para curar o mejorar algunas enfermedades siguiendo unas pautas concretas. Esto es lo que se conoce como Helioterapia, una terapia que utiliza el sol, muchas veces combinándolo con otras cosas, sobre todo con una alimentación adecuada y a veces ejercicio o reposo, dependiendo de las circunstancias. En Occidente, esta terapia comenzó a utilizarse desde finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX. Se consideraba uno de los tratamientos más eficaces contra las enfermedades infecciosas.


Clínica de helioterapia

Dice Andreas Moritz, en su libro Los secretos eternos de la salud: El médico y escritor Auguste Rollier fue uno de los más famosos helioterapeutas de su época. En el momento más álgido de su carrera dirigía 36 clínicas con un total de unas mil camas en Leysin, Suiza. Estas clínicas estaban situadas a más de mil quinientos m sobre el nivel del mar, una altitud que permitía que sus pacientes recibieran una cantidad de rayos ultravioleta mucho mayor que la que es posible en los niveles más bajos de la atmósfera. El Dr. Rollier utilizó los rayos ultravioleta para el tratamiento de enfermedades como la tuberculosis, el raquitismo, la viruela, el lupus vulgaris (tuberculosis cutánea) y las heridas; siguió los pasos del médico Danés Niels Finsen, ganador del premio Nobel en 1903 por el tratamiento de la tuberculosis con luz ultravioleta. Rollier descubrió que los baños solares a primera hora de la mañana, junto con una dieta nutritiva, aportaban los mejores resultados.

La sorprendente cura de la tuberculosis y de otras enfermedades que consiguieron esos médicos ocupó los titulares de la época. Lo que más sorprendió a la profesión médica fue que los benéficos rayos solares no surtieron efecto en los pacientes que utilizaban gafas de sol. (...)

En 1954, tras la muerte de Rollier y el creciente poder de la industria farmacéutica, el uso de la helioterapia empezó a caer en picado. En la década de 1960, los "fármacos milagrosos" creados por el hombre sustituyeron a la fascinación médica por los poderes curativos del Sol. (pp. 352 - 353)


Sol

Según escribe Daniel Reid, en su libro señalado en la bibliografía de este artículo: Hace miles de años que los adeptos taoístas descubrieron los beneficios médicos de la luz del sol. El Tao Tsang (El tesoro del Tao), escrito hace más de 2.000 años, contiene numerosas referencias a la helioterapia, que describe como "el método de administrar rayos de sol". En este texto se aconseja exponer tanto el cuerpo como los ojos desnudos a la luz directa del sol, a fin de asimilar la vital energía solar. Afirma inequívocamente que exponer los ojos a la luz directa del sol "beneficia al cerebro" en gran medida, pues estimula las secreciones de "esencia vital" en el mismo. (Por si hay alguna duda, el autor no se está refiriendo a mirar directamente al sol, eso puede ser peligroso).

Pituitaria y pineal

De hecho, existe una relación directa y comprobada científicamente entre la luz del sol que llega a los ojos y las secreciones de las glándulas pituitaria y pineal, situadas en el cerebro. En Occidente se viene observando desde hace siglos, por ejemplo, que en el largo invierno septentrional la gente sufre de creciente depresión mental y letargia física a medida que se acortan los días. (...)

El Dr. Michael Gitlin, del Instituto Neuropsiquiátrico de la Universidad de California en Los Ángeles, ha comprobado que, cuando el medio ambiente es oscuro, la glándula pineal segrega la hormona melatonina que produce somnolencia, letargo, apatía y depresión, es decir, todos los síntomas de la "tristeza invernal". En su informe, El Dr. Gitlin observa: "Lo más fascinante de todo este asunto es que depende de la cantidad de luz que incide en la retina". (...)

La retina y el Sol

El factor clave de la helioterapia está en la invisible radiación ultravioleta, y el receptor clave es la retina. En la retina hay una capa de células denominadas células epiteliales que en presencia de la radiación ultravioleta se vuelven altamente neuroactivas, sin que ello afecte en modo alguno a la visión. Mientras que las frecuencias luminosas visibles excitan los conos y bastoncillos de la retina para producir la visión, la frecuencia ultravioleta invisible estimula las adyacentes células epiteliales, que transmiten este estímulo por el nervio óptico, en forma de un poderoso impulso nervioso, directamente a las glándulas pituitaria y pineal. Este biosistema recientemente descubierto ha sido etiquetado por la medicina occidental como "sistema oculoendocrino", pero su mecánica ya era conocida por los taoístas desde hace siglos. Este descubrimiento ha dado origen a una nueva rama de la ciencia occidental, la denominada "fotobiología".

La ciencia occidental debe agradecer este descubrimiento al fotógrafo John Ott, quien experimentó casualmente el fenómeno mientras trabajaba en sus ahora célebres películas de plantas en crecimiento y capullos abriéndose. Durante sus prolongadas investigaciones sobre fotografía a intervalos de tiempo, sufría una artritis de caderas tan pronunciada que apenas podía superar los tres peldaños entre el jardín y su porche. Hasta que un día, al sentarse, rompió accidentalmente las gafas de sol que quería utilizar cuando salía al aire libre a trabajar con sus plantas. Demasiado atareado para salir a comprar otras, decidió pasarse sin ellas durante unas semanas y prosiguió su trabajo. Para su enorme sorpresa, y con gran curiosidad científica, descubrió de pronto que su artritis había mejorado tanto que apenas la notaba ya. No tardó mucho en averiguar la razón: las gafas oscuras eliminan toda la radiación ultravioleta de la luz que llegaba a sus ojos, de modo que sus retinas sólo recibían la desnaturalizada banda visible.

Cuando sus retinas volvieron a recibir todo el espectro de la luz solar, la energía ultravioleta estimuló el sistema oculoendocrino por mediación del nervio óptico. La pituitaria, regulador maestro del sistema endocrino, comenzó a segregar sus hormonas al torrente sanguíneo, y éstas a su vez estimularon a las glándulas suprarrenales a segregar otras hormonas, entre las que figura la cortisona. La cortisona es la hormona natural que alivia la inflamación de las articulaciones artríticas. (...)

En 1967, en una reunión del Comité Internacional de Iluminación celebrada en Washinton, D.C., tres científicos rusos presentaron los siguientes descubrimientos:

"Si la piel humana no permanece expuesta a las radiaciones solares (directas o dispersas) durante largos períodos de tiempo, se presentan alteraciones en el equilibrio fisiológico del organismo humano. Los resultados son perturbaciones funcionales del sistema nervioso y deficiencia de vitamina D, con un debilitamiento de las defensas del cuerpo y una agravación de las enfermedades crónicas. La deficiencia de luz solar se observa más notablemente en aquellas personas que habitan en las regiones polares y en las que trabajan bajo tierra o en edificios industriales carentes de ventanas".

Los problemas resultantes de la deficiencia de energía ultravioleta son mucho más graves de lo que cabe imaginar. Todos los tipos de vidrio, por ejemplo, eliminan los rayos ultravioleta, incluso las ventanas corrientes, los parabrisas del automóvil, las gafas (oscuras o transparentes) y las lentes de contacto. Hoy en día, la gente tiende a pasar casi todo el tiempo bajo techo, entre vidrios y paredes, y cuando salen al exterior suelen llevar gafas de sol. (...)

Contaminación atmosférica

La cuestión de la luz se agrava de año en año. La contaminación atmosférica planetaria ha reducido significativamente la intensidad de la luz solar que llega a la superficie de la tierra. Peor aún, la contaminación atmosférica elimina específicamente la banda ultravioleta del espectro. Los científicos del observatorio de Mount Wilson, en California, informaron de una reducción del 10 por ciento en la densidad media de la luz a lo largo de los últimos 50 años, y una impresionante reducción del 26 por ciento en las radiaciones ultravioleta. Esta deficiencia ultravioleta en nuestra luz natural ya ha comenzado a dejarse sentir en la agricultura, reduciendo las cosechas y volviendo las plantas más vulnerables ante el ataque de las plagas. (pp. 271 - 276)


Los efectos negativos de la contaminación son un problema de conciencia social y también individual, es decir, no debemos de vernos superados y hacer lo que podamos dentro de nuestras posibilidades.

Teniendo en cuenta lo que sabemos hasta ahora, si queremos beneficiarnos de los efectos positivos del sol -que entre otras cosas es imprescindible para la síntesis de vitamina D, tan importante para mantener nuestra salud ósea- deberíamos de empezar por informarnos si estamos tomando alguna medicación que nos pueda afectar negativamente al tomar el sol, luego pasar a hacer una limpieza hepática y alguna dieta desintoxicante, para comenzar a tomar los baños de sol de forma progresiva, empezando por cinco minutos e ir aumentando poco a poco. Los mayores beneficios se consiguen en las primeras horas de la mañana, y por supuesto debemos evitar las horas centrales del día. Parece que los mejores efectos de esta terapia se consiguen a partir de los 1.500 m de altitud. Si queremos obtener resultados positivos de esta terapia debemos evitar todo tipo de gafas o lentes de contacto y cualquier tipo de protector solar que actúa de barrera entre la piel y el sol. Si hace frío es suficiente con que el sol nos de en la cara o en las manos. Esta terapia tenía muy en cuenta el combinar los baños de sol con una comida saludable. También se puede combinar con algún tipo de ejercicio como caminar. Todos hemos podido comprobar en alguna ocasión lo vivificantes que son los paseos por la mañana temprano en la montaña.

Aprovechar los primeros rayos de sol


BIBLIOGRAFÍA

- EL TAO DE LA SALUD, EL SEXO Y LA LARGA VIDA.- Daniel Reid.- Ed.- Urano.

- LOS SECETOS ETERNOS DE LA SALUD.- Andreas Moritz.- Ed. Obelisco.

- WIKIPEDIA - RADIACIÓN SOLAR


<< ANTERIOR  

Visto 246 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.

Autora

  • Monitora de Chi Kung para la salud.…

Buscar en el blog

Artículos

Suscribirse

Introduce tu dirección de correo para recibir los últimos artículos publicados:

 

Síguenos


Dragon comentarios bienvenida


En "El camino del dragón" utilizamos cookies para mejorar la navegación por el blog. Para más información sobre las cookies pulsar en el siguiente enlace Saber más.

Al utilizar este sitio, estás aceptando el uso de cookies. Aceptar