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¿Quién soy yo?

Quiero continuar por donde me quedé en el artículo anterior "Falló el sistema" y en otro artículo de este blog "La DMT y la práctica de zazen".

Cualquier persona en algún momento de su vida, como puede ser ante la muerte de un ser querido, por una enfermedad grave, al reparar en el sufrimiento propio o en el sufrimiento que hay en el mundo o ante un acontecimiento especial del tipo que sea, uno se puede preguntar ¿soy yo mi cuerpo?, ¿cuando mi cuerpo muera dejaré de existir?, ¿qué tipo de energía hay en mi cuerpo que lo anima, moviéndose a voluntad, pudiendo pensar y razonar?, ¿quién hay en mi cuerpo que ve y entiende lo que ve, oye y entiende lo que oye?, ¿tiene algún sentido el nacer y el morir?, ¿quién hay en mí que piensa y entiende?, ¿quién, ahora mismo, se está dando cuenta de este momento?, ¿quién soy yo?

Estas preguntas han llevado a muchas personas a la "Iluminación", porque si tu pregunta es persistente y sincera al final terminarás encontrando la respuesta a tu pregunta, por supuesto no es una respuesta racional como lo es la pregunta, pero es una respuesta que te hará reír al darte cuenta que siempre la has tenido delante pero no te dabas cuenta, es como si de pronto aprendieras a mirar de otra manera.

Logo Carrefour

Como cuando te has pasado años creyendo que sabías como es el logotipo del Carrefour y de pronto dejas de fijarte en la forma aparente y en los colores y te fijas en el vacío del logotipo, y allí está, aparece la "C" de Carrefour metida en un rombo, ahora no te cabe ninguna duda de cual es el logotipo auténtico, y te hace gracia porque siempre lo habías tenido delante y no lo habías visto.

Bueno olvídalo, entiende que esto sólo es una metáfora, no tiene que ver con la iluminación, pero hay que admitir que es un logotipo ingenioso.

Volviendo a nuestra famosa pregunta; puedes imaginar que ninguna religión o escuela filosófica se puede apoderar de ella porque es una pregunta universal que cualquier persona, religiosa o no, puede hacerse en cualquier momento. Yo diría que es más fácil que se haga la pregunta una persona no religiosa, porque la persona religiosa parece que ya lo tuviera todo resuelto. Pero sin embargo la doctrina advaita del hinduísmo trabaja especialmente con la pregunta ¿quién soy yo?

Ramana Maharshi

Entre los maestros más destacados de esta corriente está Ramana Maharshi (1879-1950), aunque él tuvo su primera experiencia de iluminación de forma fortuita y nunca se sintió atraído hacia los formulismos religiosos e incluso negó haber leído sobre religión y filosofía. Pero sus seguidores lo asocian a la doctrina vedanta advaita de la "no dualidad". No hay almas y Dios, sino que las almas son Dios.

Su práctica y sus enseñanzas se basaron en la auto-indagación de "quién soy". A los diecisiete años tuvo su primera experiencia que años después contó de la siguiente manera:

Un gran cambio en mi vida tuvo lugar aproximadamente seis semanas antes de dejar Madurai para siempre. Fue bastante repentino. Estaba sentado en una habitación en el primer piso de la casa de mi tío. En raras ocasiones me sentí enfermo y en ese día no había nada malo en mi salud, pero un repentino e inmenso miedo a la muerte se apoderó de mí. No había nada en mi estado de salud que lo justificara; y no traté de justificarlo ni de averiguar si había alguna razón para el miedo. Solo sentí "voy a morir", y comencé a pensar que hacer con ello. No se me ocurrió consultarlo ni a un médico ni a mis mayores ni a mis amigos. Sentí que debía resolver el problema yo mismo, en ese momento.

El susto del miedo a la muerte dirigió mi mente hacia el interior y mentalmente me dije a mí mismo, sin ni siquiera pronunciar una palabra: "Ahora ha llegado la muerte; ¿Qué significa esto? ¿Qué es lo que se está muriendo? Este cuerpo se muere. Y en el acto dramaticé el acontecimiento de la muerte. Me acosté con los miembros estirados y rígidos como si se hubiera producido el rigor mortis, y para darle mayor realidad a la indagación hice que mi cuerpo se asemejase a un cadáver. Contuve la respiración y mantuve mis labios bien cerrados para que no pudiera escaparse ningún sonido, de forma que ni la palabra "yo" ni ninguna otra pudieran ser pronunciadas. "Bien" me dije a mí mismo, "este cuerpo está muerto". Será llevado al campo de cremación y allí será quemado y reducido a cenizas. Pero con la muerte de este cuerpo, ¿muero yo también? ¿Soy "yo" el cuerpo? Está silente e inerte pero siento toda la fuerza de mi personalidad e incluso la voz del "yo" dentro de mí, separado de él. Así que Yo soy el Espíritu que trasciende el cuerpo. El cuerpo muere pero el Espíritu que lo trasciende no puede ser tocado por la muerte. Esto quiere decir que Yo soy el Espíritu inmortal." No se trató de un pensamiento ligero, sino que se proyectó a través de mí tan vívidamente como la vida real que yo percibía directamente, casi sin pensarlo. El "Yo" era algo muy real, la única cosa real en mi estado presente, y toda la actividad consciente conectada con mi cuerpo se centró en ese "Yo". A partir de ese momento, el "Yo" o el Sí mismo centraron la atención en sí mismo con una poderosa fascinación. El temor a la muerte se desvaneció de una vez por todas. La absorción en el Sí mismo continuó desde entonces ininterrumpidamente. Otros pensamientos podían ir y venir como las distintas notas de música, pero el "Yo" continuaba como la nota sruti fundamental que subyace y se mezcla con todas las demás notas. Si el cuerpo estaba ocupado hablando, leyendo o en cualquier otra cosa, yo estaba firmemente centrado en el "Yo". Antes de esta crisis, no tenía una clara percepción de mi Ser y no estaba conscientemente atraído por ello. Sentía que no era perceptible y que no tenía ningún interés directo en ello y mucho menos una inclinación a morar permanentemente en ello.

El maestro zen Rinzai Bassui Tokusho (1327-1387) despertó y basó principalmente su enseñanza en la pregunta ¿Quién es el maestro? (En japonés "maestro" es "shujin-ko", el jefe de la casa, un propietario. Maestro, en este sentido significa la cabeza, el centro del poder, la fuerza que controla). Su madre lo abandonó al nacer, después de haber tenido una visión de que el hijo que esperaba algún día mataría a sus padres. Una familia humilde lo rescató y lo crío como su hijo.

La información que aporto a continuación sobre este maestro zen y sus enseñanzas, es una síntesis de las páginas 169-203 de la edición del 2006 del libro de Philip Kapleau "Los tres pilares del zen", allí tenéis el capítulo completo.

A los siete años, durante un servicio funeral para su difunto padre, de pronto le preguntó al sacerdote que oficiaba: "¿Para quién son las ofrendas de arroz, pasteles y fruta?" "Para tu padre, por supuesto", respondió el sacerdote. "Pero mi padre ya no tiene cuerpo ni forma (en Japón los muertos normalmente son incinerados), así que ¿cómo podrá comérselos?" A esto el sacerdote respondió: "Aunque no tiene cuerpo visible, su alma recibirá estas ofrendas". "Si existe el alma", dijo el niño, "yo debo tener una en mi cuerpo. ¿Cómo es?

¿Cual es la naturaleza de esta alma? Pero si no hay alma, ¿qué es lo que está dentro de mí en este mismo instante que ve y escucha?

Su biógrafo relata que con frecuencia Bassui se sentaba horas y horas "rumiando" estas preguntas en un estado de total abandono de manera que ya no sabía si tenía un cuerpo o una mente. En una de estas ocasiones -no se sabe a que edad- Bassui de pronto tomo conciencia de que el sustrato de todas las cosas es una vacuidad viable y que en esencia no hay nada que pueda llamarse alma ni cuerpo ni mente.

"He visto que el fundamento del universo es la Vacuidad; sin embargo, ¿qué es ese algo en mí que puede ver y escuchar?", desesperadamente comenzó a preguntarse de nuevo. A pesar de todos sus esfuerzos, no podía deshacerse de esta duda obsesiva.

Ejerció pocos ritos ceremoniales de monje (se hizo monje budista) o sacerdote, porque pensaba que un monje debía vivir una vida sencilla dedicada a alcanzar la verdad más alta para así poder dirigir a los demás hacia la liberación, en vez de llevar una vida de ceremonias y lujos, por no hablar de intrigas políticas, a las cuales se inclinaban los monjes de la época. En sus numerosos peregrinajes, nunca se quedó ni una sola noche en ningún templo. Insistía en quedarse en alguna choza aislada en la cima de una colina o una montaña, donde se sentaba horas y horas haciendo zazen lejos de las distracciones del templo.

En el curso de sus viajes espirituales, Bassui conoció a Koho-zenji, un gran maestro zen de su época con el cual se abrió por completo el ojo de su mente. Un día intuyendo la madurez de la mente de Bassui, Koho le preguntó: "Dime, ¿cuál es el Mu de Joshu?" (este es un famoso koan) Bassui comenzó a responder: "Montañas y ríos, pasto y árboles, todos son igualmente Mu". Pero Koho de pronto lo interrumpió diciendo: "¡ No uses tu mente!".

Su biógrafo relata que de pronto Bassui sintió como si "perdiera la raíz de su vida, como un barril cuyo fondo hubiera sido abierto a golpes". De cada poro de su cuerpo traspiraba sudor y al abandonar la habitación salió tan aturdido que se tropezó varias veces pegándose en la cabeza contra las paredes antes de encontrar la salida del templo. Al llegar a su choza, lloró durante horas desde lo más profundo de su ser. Las lágrimas lo inundaban "cayendo por su rostro como la lluvia". En la intensa combustión de su sobrecogedora experiencia, los conceptos y creencias que Bassui tenía, nos cuenta el biógrafo, fueron totalmente aniquilados.

A la tarde siguiente, Bassui fue a decir a Koho lo que había pasado. Apenas había abierto la boca cuando Koho, que estaba desesperado tratando de encontrar un sucesor verdadero entre sus monjes, exclamó como si se dirigiera a todos sus seguidores: "Mi Dharma no se desvanecerá. Todos pueden estar contentos. Mi Dharma no desaparecerá".

Koho confirmó a su discípulo el inka (reconocimiento por parte del maestro a su discípulo de que ha terminado su entrenamiento con él) y le dio el nombre zen de "Bassui", que significa "muy por encima del promedio". Bassui permaneció dos meses más cerca de Koho, recibiendo su instrucción y guía.

Donde se quedaba, los aspirantes ardientes descubrían su morada y buscaban su guía, pero él mismo se sentía deficiente en cuanto a la fortaleza espiritual necesaria para llevar a otros a la liberación y resistió los esfuerzos que hacían los aspirantes por hacerlo su maestro. Cuando los seguidores le importunaban demasiado tomaba sus escasas pertenencias y desparecía por la noche.

Cuando ya tenía cincuenta años, Bassui construyó una choza en la espesura de la montaña cerca del pueblo de Enzan en la prefectura de Yamanashi. Como había sucedido en el pasado, se corrió la voz de que había un Bodhisattva en la montaña y de nuevo, los discípulos que buscaban un maestro abrieron literalmente un camino hasta su choza. Ahora, al haber madurado su iluminación y sintiéndose capaz de guiar a otros hacia la liberación, ya no los rechazó sino que abiertamente aceptaba a quien llegase. Muy pronto el número de sus discípulos fue considerable y cuando el gobernador de la provincia le ofreció unas tierras para un monasterio que sus seguidores podrían construir, Bassui aceptó convertirse en roshi (maestro).

En un sueño puedes desviarte y perder tu camino a casa. Le preguntas a alguien cómo volver o le ruegas a Dios o a los Budas que te ayuden, pero aún así no puedes regresar. Una vez que despiertas de tu estado de sueño, te encuentras con que estás en tu propia cama y te das cuenta de que la única forma de regresar a casa era despertando.

Cuando te des cuenta de esta mente sabrás que es la fuente misma de todos los budas y seres sintientes. El Bodhisattva Kannon (Avalokitesvara) se llama así porque llegó a la iluminación al percibir, es decir, al captar la fuente de los sonidos del mundo a su alrededor.

Dentro de ti no encontrarás un "yo" ni descubrirás a alguien que escucha. Esta mente es como el vacío y, sin embargo, no tiene un solo punto que pueda llamarse vacío. No confundas este estado con la auto-realización, sino que continúa preguntándote aún más intensamente. "¿Quién es el que escucha?" Si penetras más y más esta pregunta, sin fijarte en otra cosa, incluso este sentimiento de vacuidad se desvanecerá y no estarás consciente de nada, prevalecerá la oscuridad absoluta. No te detengas aquí; sigue con fuerza preguntándote "¿Qué es lo que escucha?" Sólo cuando hayas extinguido totalmente la pregunta, ésta estallará; entonces te sentirás como un hombre que vuelve de entre los muertos. Ésta es la verdadera realización.

Para llegar a ser Buda debe descubrir quién es quien quiere convertirse en Buda. Para conocer este tema debe, aquí y ahora mismo, llegar hasta el fondo de usted preguntando, "¿Qué es lo que piensa en términos de bueno y malo, qué es lo que ve, qué es lo que escucha?" Si se pregunta de esta forma profundamente, se iluminará con seguridad. Si se ilumina, al instante será Buda. La mente que los Budas realizaron en su iluminación es la mente de todos los seres sintientes. La sustancia de esta mente es pura; está en armonía con lo que la rodea. En el cuerpo de una mujer no tiene forma femenina, en el cuerpo de un hombre no aparece como varón. No es mala ni siquiera en el cuerpo de los más bajos, ni impresionante en el cuerpo de un noble. Como el espacio ilimitado, no tiene una partícula de color. El mundo físico puede destruirse pero el espacio sin forma, sin color, es indestructible. Esta mente, como el espacio, lo abarca todo. No comienza a existir con la creación de nuestro cuerpo ni muere con su desintegración. Aunque invisible baña nuestro cuerpo y cada acto de ver, escuchar, oler, hablar, o mover manos y piernas es simplemente la actividad de esta mente. Cualquiera que busque al Buda y la verdad fuera de esta mente se engaña; cualquiera que perciba directamente que esta naturaleza intrínseca es precisamente la del Buda es en sí mismo Buda. Nunca ha existido un Buda que no haya realizado esta mente y hasta el último de los seres en los seis ámbitos de la existencia está perfectamente dotado de ella.

Puesto que los sutras sólo tratan con esta mente, realizarla es lograr de un solo golpe la lectura y comprensión de todos los sutras. Un sutra dice: "Las enseñanzas de los sutras son como un dedo que apunta hacia la Luna". Estas enseñanzas son los sermones que fueron predicados por todos los budas. "Apuntar hacia la Luna" es apuntar a la mente única de los seres sintientes.

Esta mente está latente en todos, es el maestro de los seis sentidos. Los efectos y causas de todas las transgresiones se desvanecen en un instante, como hielo en agua hirviendo cuando uno despierta a esta mente. Sólo después de alcanzar tal penetración directa uno puede afirmar que su propia mente es en sí misma Buda. La Esencia de la mente es brillante de manera intrínseca y sin mácula; en ella no hay distinciones entre Buda y seres sintientes. Pero su claridad se esconde bajo el pensamiento engañoso, así como la luz del Sol o de la Luna se oscurece por las nubes.

Comprenderá que no hay diferencia entre los seres ordinarios y los budas excepto en una cosa: el engaño. Cuando éste se disuelve, son idénticos.

No trate de evitar que surjan pensamientos y no se aferre a ninguno de ellos. Deje que aparezcan y desaparezcan; no luche con ellos. Sólo necesita preguntarse incesantemente y con todo su corazón: "¿Cuál es mi propia mente?" Insisto en esto porque deseo que llegue a la auto-realización.

La mente es la verdadera naturaleza de las cosas que trasciende todas las formas. La verdadera naturaleza es el Camino. El Camino es Buda. Buda es mente. Mente no es fuera ni dentro ni en medio. Es no ser o la nada, o no ser o no nada, o Buda o mente o materia. Así pues, se le llama la mente sin morada. Esta mente ve colores con los ojos, escucha sonidos con los oídos. ¡Busque directamente a ese maestro!

Dormido y trabajando, de pie y sentado, pregúntese: "¿Cuál es mi propia mente?, buscando la fuente de donde surgen sus pensamientos. ¿Cuál es este sujeto que en este momento percibe, piensa, se mueve, trabaja, avanza o retrocede? Para saberlo debe absorberse intensamente en la pregunta. Pero si en esta vida no llega a comprenderlo, sin duda alguna en la siguiente lo conseguirá gracias a sus esfuerzos presentes.

Durante el zazen, no desprecie ni se deje encantar por ninguno de sus pensamientos. Con su mente enfocada hacia adentro, mire fijamente hacia su fuente y se desvanecerán los sentimientos y percepciones engañosas de donde surgen. Sin embargo esto aún no es la auto-realización a pesar de que su mente se vuelva brillante y vacía como el cielos y no tenga conciencia de lo interno ni de lo externo y los diez ámbitos parezcan claros y luminosos. Tomar esto por realización es creer que un espejismo es la realidad. Ahora con más intensidad aún busque esta mente suya que escucha. Su cuerpo físico, compuesto por cuatro elementos básicos, es como un fantasma, sin realidad; sin embargo, aparte de este cuerpo, no existe la mente. El espacio vacío de los diez ámbitos no puede ni ver ni escuchar; sin embargo, algo dentro de usted escucha y distingue sonidos ¿quién o qué es? Cuando esta pregunta se encienda por completo, las distinciones de bueno y malo, la conciencia de ser o de vacuidad se desvanecerán como una luz que se extingue en la oscuridad de la noche. Aunque no esté consciente de sí mismo, aún puede escuchar y saber que existe. Por más que trate de descubrir al sujeto que escucha, sus esfuerzos fracasarán y se encontrará en un callejón sin salida. De pronto su mente estallará en una gran iluminación y se sentirá como si hubiera surgido de entre los muertos, riendo y aplaudiendo de alegría...

Lo está viendo cara a cara pero ¿quién es? Cualquier cosa que diga está mal. Y si no dice nada, también estará mal. Entonces, ¿quién es?

El Sexto Patriarca dijo: "La bandera no se mueve, el viento no se mueve, sólo tu mente se mueve." Comprender esto con claridad es percibir que el universo y usted tienen la misma raíz, que usted y cada cosa son la unidad.

Pero como el hombre no cree esto, se ata al engaño con la cuerda de la irrealidad diciendo: "La realización de mi propia naturaleza está más allá de mí. Es mejor si recito los sutras, me postro ante los budas y penetro gradualmente el Camino a través de la gracia de todos los Budas". La mayoría de los que escuchan esto lo aceptan como cierto. Es como si un hombre ciego dirigiera a otros ciegos hacia la dirección equivocada. Estas personas en realidad no creen en los sutras ni en los Budas. Al contrario, ni siquiera los aceptan. [Pues si realmente los aceptaran, sabrían que] si se limitan a recitar los sutras, sólo estarán mirándolos desde afuera, y que hablar de "Buda" no es sino otra forma de hablar de la esencia de la mente. Un sutra dice: "Mente, Buda y seres sintientes no se discriminan los unos de los otros." Según esto, un hombre que no cree en la realidad de su propia mente pero dice que cree en Buda es como un hombre que pone su confianza en un símbolo mientras desprecia la realidad que éste simboliza ¿Cómo puede entonces realizar su mente? Aquél que sólo quiere recitar sutras es como un hombre hambriento que se niega a que le den alimento en la creencia de que puede saciar su hambre con sólo mirar el menú. Cada sutra es un catálogo de la naturaleza de la mente. Uno de los sutras dice: "Las enseñanzas de los sutras son como un dedo que apunta hacia la Luna". ¿Es posible que el Buda hubiese querido que nos diéramos cuenta del dedo pero que no percibiésemos la Luna? Cada persona contiene dentro de sí [la sustancia de] los sutras. Si uno capta aunque sea un destello de esa propia naturaleza, es como si leyera y comprendiera todos los sutras simultáneamente, sin exceptuar ninguno, sin tener que tomar uno en las manos y leer una palabra. ¿No es esto la verdadera "lectura" de los sutras? ¡Mire, ese plantío de bambúes es precisamente su propia mente y este matorral de flores amarillas es la sabiduría suprema del universo!

Al llegar a esta profunda comprensión, no se aferre a la idea de que la mente es en lo fundamental la naturaleza búdica. Si lo hace estará creándose otra forma de pensamiento.

Tal vez quieras "iluminarte" o "despertar" pero esta pregunta no te diga nada, no te toque. Hay otras maneras de llegar hasta ahí con las que quizás tú conectes más, como trabajar con un koan (esta práctica es propia de las escuelas Rinzai del zen), aunque esta pregunta, "¿quién soy yo?", se puede considerar un koan ; o prefieras hacer Vipassana; Mahamudra; Dzongchen; Shikantaza u otras prácticas que habrá dentro y fuera del budismo y que yo no conozco. Aunque creo que en síntesis todas son la misma práctica, mi maestra siempre me dice que no le ponga nombre a lo que hago. Pero no creo que haya ninguna manera de mirar más directamente lo que buscas que preguntarte ¿quién soy yo? Porque lo que uno trata de encontrar en estas prácticas es a sí mismo, aunque crea que está buscando otra cosa, al final se encontrará con lo único que se puede encontrar, con sigo mismo, gozoso y libre del encadenamiento del ego, que es el único que puede sufrir. Decimos: yo estoy enfermo, estoy deprimido, voy a morir, etc. O mi padre está enfermo, mi pareja está deprimida, mi amigo va a morir. Pero en realidad ¿quién está enfermo, quién está deprimido, quién va a morir? Nunca penséis que esta es una respuesta que te da la razón, si así fuera ya lo sabríamos porque alguien nos lo habría explicado. Todas las explicaciones que hay al respecto, incluidas las que hay en este artículo, son una aproximación mental pero nunca es la Realidad. La Realidad es intransferible, la tiene que experimentar uno por sí mismo.

Quién soy yo


BIBLIOGRAFÍA

- https://es.wikipedia.org/wiki/Ramana_Maharshi

- http://www.sriramanamaharshi.org/es/

- LOS TRES PILATES DES ZEN. Roshi Philip Kapleau. Ed. Gaia.


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