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Calma mental I

Calma mental

Calmar la mente es importante siempre, en cualquier actividad de la vida, pero cuando se trata de meditar es un paso imprescindible.

Lo primero que tenemos que aprender para poder meditar es a sentarnos en una postura de meditación. Al principio puede que no entendamos la importancia de la postura, pero más adelante veremos que es parte del método, y aunque al principio pueda parecer incomodo después se convertirá en una herramienta imprescindible.

Meditación sentado

Puede que pensemos, voy a empezar meditando en una silla y cuando lleve más tiempo probaré con el zafu. Eso es una opción, pero si no tienes ninguna dolencia que te impida sentarte en el suelo, es mucho mejor que empieces directamente sentándote en el zafu o cojín, porque cuando te acostumbras es la postura más cómoda para la espalda y es la que puedes mantener más tiempo. Sentado en el zafu o de rodillas en el banquito de meditación la espalda se mantiene recta, apenas sin esfuerzo, mientras que en la silla es difícil mantener mucho rato la espalda recta. Sentado en el suelo las piernas se te duermen y puedes sentir un dolor muy intenso, pero eso es sólo al principio, verás que antes de lo que piensas las piernas dejan de molestarte, ten en cuenta que la meditación te da flexibilidad mental y física. Al principio estarás más pendiente de las molestias que tienes que de la meditación, pero esto también es parte del método, hay que tener paciencia.

Después de los dolores o las molestias que sentimos cuando nos sentamos a meditar, lo siguiente que descubrimos es que cuando queremos concentrarnos en la práctica que sea, vemos que no podemos mantener la concentración mucho tiempo, nos vienen todo tipo de pensamientos, unos detrás de otros sin parar. Y podemos pensar, "esto no es para mí, yo no puedo meditar, este método no me sirve". Pero toda esa agitación que sientes, todo ese caos, todos esos pensamientos desbocados, todas esas películas que te montas en la mente cuando te sientas a meditar, no las causa la meditación, eso ya estaba ahí antes de que te sentaras, ahora te estás haciendo consciente de como está tu mente. Cuando te levantes sentirás alivio y dirás "por fin se ha terminado esta tortura", pero la única diferencia es que ahora no estás mirando tu mente y no te das cuenta del desconcierto. Es como si tienes toda la casa desordenada, con todo tirado por el suelo, todos los platos sucios encima del fregadero, etc., entras en la casa y dices "¡que horror!", sales, vuelves a cerrar la puerta y te vas a dar un paseo. ¿Qué ha cambiado en la casa?, nada, sólo que ahora no lo estás viendo y estas tranquilamente charlando con tus amigos con los que habías quedado.

Al principio quizás te decepciones porque tenías la idea de que sentarte a meditar era algo relajante y agradable, y te encuentras con una especie de tortura del cuerpo y la mente. Bueno, tengo una buena noticia, esta es la peor parte, de aquí en adelante todo es mejorar. Por eso las prácticas al principio deben de ser cortas, todo lo cortas que sean necesario, porque tampoco se trata de pasarlo mal, si no terminarás odiando sentarte a meditar. Pero sí hay que tener un poco de paciencia, sabiendo que los primeros días son los peores.

No podemos pasar por alto que si queremos avanzar y no quedarnos siempre en este primer estadío de la práctica, tenemos que ser constantes y practicar regularmente. Es mejor sentarse todos los días aunque sea cinco minutos, a sentarse una hora cada quince días. Creo que es fácil de entender, es como cualquier entrenamiento. Ningún atleta que quiera participar en las olimpiadas se dará una paliza una vez cada quince días y el resto de los días no entrenará. Nosotros nos tenemos que preparar para otro tipo de olimpiadas en las que compites contigo mismo.

Los atletas tienen una motivación: ganar medallas, batir un récord, ganar un título... Nadie se esfuerza tanto si no tiene una buena motivación. El esfuerzo del meditador no es menor que el de un atleta por eso si no tenemos una gran motivación no llegaremos muy lejos en nuestro "entrenamiento". Uno puede pensar voy a meditar para sentirme más feliz o para mejorar de mi enfermedad o para superar el estrés o para dejar de tener dolores de cabeza o del tipo que sea, para ser mejor persona, para superar lo que quiera que sea. Todas esas son las motivaciones que tenemos cuando empezamos a meditar, todas están referidas a nosotros mismos, sentimos que tenemos que mejorar en lo que sea y eso no nos deja ver más allá de nosotros. Pero en realidad esas motivaciones son muy pobres, en el momento que empecemos a tener dificultades lo dejaremos, porque solamente lo estamos haciendo por nosotros. Será como cuando volvemos a casa cansados de trabajar y tenemos que hacernos la comida para nosotros solos, comemos lo que tengamos por ahí y no nos preparamos nada; o como cuando nos apuntamos al gimnasio, eso es una cosa que sólo nos mejora a nosotros mismos, y en cuanto se nos presentan unas cuantas dificultades o nos empezamos a aburrir o los beneficios no vienen tan deprisa como nos gustaría, lo dejamos. Tenemos poca fuerza de voluntad y poca paciencia porque pensamos que no nos compensa.

Madre

Pero supongamos que somos una madre con hijos pequeños y que tenemos que hacer algo para salvarles la vida. Sacaríamos una "energía" descomunal, haríamos cosas increíbles, no sólo no nos importaría el esfuerzo sino que no nos daríamos cuenta de él. Ellos estarían por encima de nosotros mismos y no nos importaría incluso poner en peligro nuestra propia vida para salvarlos.

Ese tipo de energía es la que necesitamos para llegar al final del camino y no quedarnos a medias. Esta es la motivación que se utiliza en el budismo, esta es la motivación de la bodichita, es decir, lograr despertar para poder sacar a todos los seres del sufrimiento. Aquí todos los seres son nuestros hijos, lo que pasa es que nos cuesta trabajo verlo así. Pero podemos decir al termina la sesión de meditación la siguiente oración:

Loto

 

Que por los méritos de esta meditación

pueda yo alcanzar rápidamente el estado de un buda

y llevar a todos los seres, sin excepción,

a ese estado iluminado.

 

Aunque al principio ni lo sentimos ni lo entendemos y es algo artificial, el repetir esa oración poniendo atención a sus palabras, va haciendo que haga huella en nosotros y junto con la apertura que se produce en la meditación, hace que lo vayamos integrando y vaya creciendo en nosotros esa energía que necesitamos. Podríamos decir que la oración es el cartel que nos anuncia la dirección por donde tenemos que ir y la apertura es el camino.

Ni que decir tiene que la base de la bodichita o la base para cualquier práctica de meditación es ser "una buena persona", tratar a los demás bien y no causarles ningún daño. Esto es lo que yo pienso, pero tengo que decir que no son mis palabras, esto se lo he oído decir a un gran lama como es Lama Jampa Monlam. Buda enseñó la necesidad de cultivar "sila", moralidad. Aunque ya sabemos que cuando tratamos de hacer reglas de moralidad y pasa algún tiempo, quedan desfasadas, porque lo que hace 50 ó 100 años era moral a lo mejor ahora no lo es o al contrario.

Llegados a este punto, la siguiente cosa importante que tendríamos que hacer sería calmar nuestra mente.

En realidad cuando calmamos nuestra mente lo que hacemos es que toda la agitación mental se asienta, reposa, como cuando el agua de un riachuelo cristalino que se ha enturbiado porque se ha removido el fondo, lo dejamos que se asiente, esperamos pacientemente sin tocar el agua, poco a poco se irá yendo todo hacia el fondo de forma natural y de nuevo podremos ver que su agua aparece cristalina.

De la misma manera con esta práctica, de nuestra mente no van a desaparecer las emociones aflictivas, por lo menos no van a desaparecer sus raíces, para eso serán necesario otras prácticas, pero sí lograremos que se calme, dejen de aparecer pensamientos sin ton ni son y se vuelva más flexible. Los pensamientos no desaparecen totalmente pero hay espacios de no pensamientos entre uno y otro, y además estos no molestan. Así será más fácil de realizar cualquiera de las prácticas de meditación o de zazen.

Las prácticas de calmar la mente son prácticas de concentración. Y una de las que se suelen enseñar como práctica introductoria es seguir las respiraciones con la mente mientras las contamos. Puede parecer muy sencillo, pero no lo es tanto, porque no se trata de contar en "piloto automático" sino que hay que mantener la atención de la inhalación y la exhalación y del número por donde vamos sin soltar ni un momento la atención, mientras tanto todo el raudal de pensamientos se van a ir metiendo por medio interfiriendo nuestra concentración.

En estas prácticas de concentración es muy importante no manipular nada: la respiración se deja de forma natural, el cuerpo respira solo, no tenemos que tratar de inflar el vientre ni hacer ruido al respirar; los pensamientos se dejan que surjan y que se vayan sin incentivarlos, sin irnos detrás de ellos y sin reprimirlos; igualmente dejamos que los sonidos lleguen y se marchen; y de la misma manera actuamos con cualquier cosa que llegue a cualquiera de los cinco sentidos o a la mente. No hay que tratar de atrapar nada ni de reprimir nada, sólo hay que mantener una atención relajada, es decir sin tensión, y esperar. Eso significa "esperar y no hacer nada". Al principio tendremos que esforzarnos pero poco a poco la concentración se volverá algo natural.

Como decíamos más arriba una práctica introductoria puede consistir en seguir las respiraciones mientras las contamos; la primera exhalación uno, en la siguiente dos, y así hasta siete, tratando de no perder la atención, pero si nos perdemos lo que tenemos que hacer es empezar otra vez por el uno. Cuando lleguemos al siete, empezamos otra vez. Como nos estamos relajando seguramente las respiraciones se irán haciendo más lentas, por eso no hay que tratar de contar deprisa alterando la respiración.

Después de un tiempo -unos días o unas semanas- si vemos que podemos contar sin distraernos, pasamos a contar hasta veintiuno, puede ser otro número si queréis. Esta práctica la podemos mantener hasta que de nuevo podamos contar con atención sin distraernos y sin perdernos. Para luego pasar a seguir las inhalaciones y las exhalaciones, ya sin contar. Sabemos cuando el aire entra, sabemos cuando deja de entrar, sabemos cuando el aire sale, sabemos cuando deja de salir.

Recordad que no hay que forzar nada, si nos perdemos no pasa nada empezamos otra vez, las veces que sea necesario. Esto no quiere decir que no hagamos lo que esté en nuestra mano para no distraernos y nos relajemos en exceso. Pero no nos tenemos que levantar de la sesión de meditación con la idea de que nos ha salido mal, porque no puede salir ni mal ni bien, es un proceso. Si acaso tendríamos que decir que siempre sale bien porque depende de causas y condiciones, no de lo que nosotros mentalmente imaginemos que tendría que ser, así que podríamos decir que siempre sale lo mejor que puede salir. Nos va a ayudar más si tomamos la posición a ver el vaso medio lleno y nos levantamos satisfechos de nuestro trabajo.

Este es un camino que se hace poco a poco y con constancia. La constancia es lo más importante, si abandonamos nuestra práctica después de un tiempo, cuando volvamos nos tocará empezar por el principio. La serenidad que habíamos ganado se va perdiendo si dejamos la práctica. Esta no es una práctica acumulativa.

Esta práctica es una meditación que se enseña como práctica de concentración en sí misma, para después continuar con otras practicas de meditación o como un primer paso para practicar samatha. La práctica de samatha es una práctica de concentración en la que hay que seguir un proceso, una técnica bien definida (es parte del camino gradual a la iluminación), que si se completa se obtiene la concentración unidireccional o samadhi.

samatha


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1 comentario

  • Francesc

    Felicidades, muy bueno y didactico para la vida misma

    Un fuerte abrazo

    publicado por Francesc Viernes, 17 Marzo 2017 16:02 Enlace al Comentario

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