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El dolor y la enfermedad

La mente

No necesitamos buscar afuera, pues todo lo que necesitamos para encontrar la paz y la felicidad última está dentro de nosotros.

Cuenta una historia que había una vez un ser divino que quería esconder un secreto importante: el secreto de la felicidad. Primero pensó esconder el secreto en el fondo del mar, pero luego se dijo: "No, no puedo esconder mi secreto ahí. Los seres humanos son muy listos y un día lo encontrarán". Luego pensó esconder el secreto en una cueva, pero rechazó esa idea también y afirmó: "Mucha gente visita las cuevas. No, no, la gente encontrará el secreto ahí también".

Entonces pensó esconder el secreto en la montaña más alta, pero luego pensó así: "La gente es tan curiosa estos días; un día alguien escalará la montaña y lo descubrirá".

Por fin encontró la solución perfecta. "¡Ah! Ya encontré un lugar donde nadie buscará: esconderé mi secreto en la mente humana".

Hoy día algunos científicos se están preocupando por investigar más a fondo lo que es la mente, esa gran desconocida. La doctora Candace Pert, dice en su libro "Moléculas de emoción":

"La mente no domina al cuerpo, se convierte en cuerpo. Mente y cuerpo son uno. Lo veo en el proceso de comunicación de los péptidos que hemos demostrado, el flujo de información a través de todo el organismo, evidencia que el cuerpo es la verdadera manifestación externa, en el espacio físico, de la mente".



Dan-Tien

Podríamos decir que tenemos dos tipos de mente o dos tipos de inteligencias; una es la mente intelectual, que relacionamos con el cerebro, y otra la inteligencia del cuerpo, que podemos ubicar en el vientre o hara, segundo cerebro, y más concretamente en lo que en medicina tradicional china se entiende por "dan tien". Aunque en realidad la inteligencia del cuerpo comprende cada célula del cuerpo. A la mente de la cabeza la vamos a llamar de ahora en adelante "mente" a secas y a la mente del cuerpo la vamos a llamar "conciencia del cuerpo", como hace también el Dr. John Eaton en su método "Reverse Therapy", aunque yo no lo explique exactamente igual que él.

La mente sólo sabe del mundo exterior. Aprende de lo que le enseñan otros y de lo que ella puede inferir por sí misma de su propia experiencia, y a partir de ahí trata de encontrar algo. El lenguaje de la mente son los pensamientos, las palabras, los conceptos.

La conciencia del cuerpo ya tiene toda la información, tiene todas las respuestas, es pura sabiduría. Si la mente se diera cuenta de eso dejaría de buscar fuera para buscar dentro, aunque dentro y fuera es otro concepto de la mente. El lenguaje de la conciencia del cuerpo son las sensaciones. Cuando no hacemos caso de la mente y actuamos de forma instintiva, decimos que hemos actuado desde las tripas.

Por lo tanto la forma que tiene de comunicarse la conciencia del cuerpo con la mente es a través de las sensaciones. Éstas nos ponen en guardia ante los peligros de todo tipo, por ejemplo: si nos estamos duchando con agua caliente, y el agua empieza a salir demasiado caliente, sentiremos que comenzamos a quemarnos, y rápidamente abriremos el grifo del agua fría para regular la temperatura. Si el cuerpo no nos avisara nos quemaríamos.


Cuando no vivimos de forma adecuada ‒lo que puede ser adecuado para la mente puede que no lo sea para la conciencia del cuerpo‒ también nos avisa. Quiero aclarar que las sensaciones también pueden ser emociones, porque qué son las emociones sino un conjunto de sensaciones determinadas que podemos llamar tristeza o ira o pereza o enamoramiento o lo que sea.

Vamos a poner un ejemplo típico para poder ver de forma más clara de lo que estamos hablando: Imaginemos una mujer con pareja e hijos mayores que estudian una carrera. Esta es una mujer a la que han educado para ser muy perfecta. Tiene que tener siempre la casa limpia, los armarios ordenados con la ropa bien planchada, quiere que sus hijos estén bien alimentados y compra a diario productos frescos y naturales; prepara la comida para que cuando lleguen todo esté listo. No permite que la ayuden porque su marido tiene mucho trabajo y viene muy cansado, y sus hijos tienen que estudiar y sacar buenas notas para poder tener en el futuro buenos trabajos. Además intenta trabajar en lo que le sale para ayudar en la economía familiar. Su carrera la sacrificó en su día para poder criar a sus hijos, cosa de la que no se arrepiente, pero ahora no puede trabajar en lo que se formó y en lo que le gusta. Además si alguien le aconseja que lleve una vida más relajada y se ocupe más de ella misma, se enfadará y le dirá que su mayor ilusión es que sus hijos sean felices y su familia esté bien, entonces se comparará con otras personas cuyas vidas son todavía más sacrificadas o con ella misma cuando era joven. Gran error; nunca tenemos que compararnos con nadie, primero porque no hay dos personas iguales y segundo porque a lo mejor la persona con la que nos estamos comparando se está equivocando sin saberlo. Y cuando eramos jóvenes teníamos otra energía, era otro momento, es como si fuéramos otra persona.

La conciencia del cuerpo no entiende de educación ni de convencionalismos sociales, entiende que la máquina, es decir el cuerpo-mente, se está forzando por encima de sus posibilidades o simplemente que no se está ocupando de lo que la conciencia del cuerpo sabe que es más importante. Entonces avisará con algún tipo de sensación. Seguramente no lo escuchemos, primero porque no estamos acostumbrados a escuchar al cuerpo y segundo porque no nos interesa enterarnos, no queremos dejar de hacer lo que estamos haciendo, la mente siempre se cree más lista. Entonces la conciencia del cuerpo se verá obligada a avisarnos de forma más evidente y aparecerán las primeras molestias, empezaremos a sentirnos mal, empezaremos a tomar conciencia de que algo no está bien, y diremos, "no sé que me pasa pero no me encuentro bien". Seguiremos sin darnos por aludidos y sin poner remedio. Y la conciencia del cuerpo se verá obligada a gritarnos.


Dolor

¿Cómo grita la conciencia del cuerpo? La conciencia del cuerpo grita mediante el dolor. ¿Por qué grita la conciencia del cuerpo? Porque estamos en peligro, estamos quemando la máquina, estamos haciendo lo indebido o estamos dejando de hacer lo que tendríamos que estar haciendo.

Los síntomas de las enfermedades son otra manera que tiene la conciencia del cuerpo, la sabiduría del cuerpo de avisarnos. Quizá el trabajo que tengamos que realizar nos haga sentirnos mal, pero como no podemos dejarlo, el inconsciente, que sería otra forma de llamar a la conciencia del cuerpo, fabrica una enfermedad para que huyamos, para que estemos con nosotros mismos y salgamos de allí. Pero nosotros ¿qué hacemos? Le tapamos la boca a la conciencia del cuerpo. Si nos duele algo nos tomamos un analgésico, si tenemos los síntomas de la gripe ‒dolor, mucosidad, fiebre‒ nos tomamos un antigripal, que es una mezcla de analgésico, antihistamínico y antipirético, seguiremos estando igual de enfermos pero ahora no tenemos síntomas. Vamos al médico no a curarnos sino a que nos quiten los síntomas, porque parece que no queremos estar bien sólo sentirnos bien. No queremos comunicarnos con el cuerpo. Pero si le tapamos la boca a la conciencia del cuerpo, esta se verá en la necesidad de gritar cada vez más fuerte. Entonces cada vez estaremos peor y nuestra enfermedad será más grave. Tenemos que pensar que a la sabiduría del cuerpo no le supone ningún problema llevarnos a una enfermedad irreversible, sabe que eso no es tan grave, pues ella es inmortal, y se llevará su experiencia con ella. No es necesario creer en esto último para entender hasta cierto punto lo que trato de explicar.


Enfermedad

Tenemos que darnos cuenta que tanto la enfermedad como el dolor no es algo negativo contra lo que tengamos que luchar, sino que es algo positivo. En vez de tratar de tapar los síntomas, tenemos que escuchar al cuerpo, tenemos que atenderlo y tenemos que cuidarnos. En esta sociedad de las prisas y el consumismo ¿quién tiene tiempo de cuidarse y de escuchar? Pero ahora tendríamos la posibilidad de tratar cara a cara con la conciencia del cuerpo, con su sabiduría. Cualquier persona que ha superado una enfermedad grave sin rechazarla se vuelve más sabia. Cuando eramos niños y no nos preocupaba estar enfermos sino que lo veíamos como algo positivo, porque no teníamos que ir al colegio, nos mimaban y además nos traían algún regalito; cuando nos levantábamos de la cama nos sentíamos mejor que antes, habíamos crecido física y mentalmente. También cuando el dolor se disuelve aparece un gran placer, creo que en parte el masoquismo se debe de basar en eso.

Nosotros percibimos el malestar o el dolor como algo sólido, como algo que permanece, pero no es así. El dolor, igual que cualquier otra cosa, es algo que está cambiando momento a momento: nace, se desarrolla y muere a cada instante. Prestando atención al cuerpo comprobamos esta verdad. Los meditadores que trabajan con las sensaciones en la práctica de vipassana, que hemos explicado en artículos anteriores, no sufren de dolores. Esto no quiere decir que si te das un golpe no te vaya a doler, significa que no sufres de jaquecas o de otros dolores crónicos que a veces sufren algunas personas.


Para los que sufren fibromialgia, síndrome de fatiga crónica o cualquier otra enfermedad de este tipo, la práctica formal de vipassana es un poco difícil de seguir, y en vez de realizar esta práctica de la manera formal, haciendo barridos por todo el cuerpo, sin dejar ninguna zona sin atender como se hace habitualmente. Recomendaría la siguiente PRÁCTICA:

- Primero hay que sentarse de alguna manera en la que se esté cómodo o si es necesario se puede hacer incluso en la cama si no hay más remedio. Sería importante tratar de mantener la espalda derecha sólo si esto es posible sin dificultad. Aunque si no se está tan mal la postura de meditación es la mejor.

- Cerrar los ojos y hacer unas cuantas respiraciones profundas con la intención de relajar el cuerpo. Respiramos como si el cuerpo fuera un globo y al inspirar lo quisiéramos llenar de energía positiva, y al espirar saliera fuera con el aire toda la tensión y todo lo que nos perjudique. Nos mantenemos conscientes de esta respiración unos minutos.

- A continuación prestamos atención al cuerpo, y sin rechazar nada nos quedamos en la zona del cuerpo donde más nos llame la atención. Si tenemos un dolor nos vamos al dolor o si nos duelen varias partes del cuerpo, la atención se dirigirá a la zona donde el dolor sea más intenso. Dejamos ahí nuestra atención, sintiendo cómo es esa sensación, como si nos metiéramos dentro y nos convirtiéramos en la sensación. Cuando es un dolor muy intenso es difícil, porque estamos acostumbrados a huir del dolor. Al principio podemos simplemente estar ahí con la intención de atender al dolor, de cuidarlo, de respirar hacia el dolor: al inspirar imaginamos que llevamos el aire a esa zona y al espirar soltamos el dolor (la tensión) y sentimos como la zona se relaja. Se sabe que en el lugar del cuerpo donde se pone la atención hay más sangre, por lo tanto simplemente estando ahí habrá más oxigeno y más energía. Cuando haya menos dolor o nos hayamos acostumbrado a estar en el dolor sin rechazarlo, lo observaremos, veremos donde empieza, donde termina, si es un dolor fijo, si cambia, y si cambia cómo cambia, cómo se transforma en otro tipo de sensación y si desaparece, cómo desaparece y qué sucede cuando desaparece.

- Después de atender a una sensación nos pasaremos a la siguiente que más nos llame la atención, y así sucesivamente.

- Por último terminamos la práctica como la hemos empezado. Respirando hacia el cuerpo, ahora transmitiéndole el mensaje de que lo escuchas y que lo estás cuidando.

Podemos comenzar haciendo la práctica unos minutos, varias veces al día si tenemos tiempo, para ir alargando la práctica poco a poco y llegar a veinte minutos o media hora al día. También estaría bien combinarla con las prácticas que se explican en el artículo vamos a relajarnos y la de calma mental I. La constancia es muy importante.

Con el tiempo, iremos mejorando y podremos pasar a hacer, si queremos, la práctica de vipassana en las sensaciones, que es una técnica mucho más completa, pero para la que quizá no estemos preparados al principio, pues si tenemos dolores es muy difícil poder observar ninguna otra sensación.

Nosotros nos identificamos con la mente pensante, creemos que somos nuestros pensamientos y que poseemos un cuerpo. Decía Descartes, el padre de la filosofía moderna, "cogito ergo sum", que se ha traducido por "pienso, luego existo", pero su traducción más precisa es "pienso, por lo tanto soy". Así que si quiero decir que tenemos que poner en contacto la mente con la conciencia del cuerpo, tendré que decir que "tenemos que prestar atención a nuestro cuerpo".

Albert Einstein

La atención al cuerpo pone en contacto: la conciencia del cuerpo con la mente racional, haciéndonos más sabios y permitiendo que sepamos realmente qué es lo adecuado y qué no lo es. La comprensión viene de forma natural. No es necesario que nos estemos haciendo preguntas racionales sobre el porqué. Pero aunque no seamos capaces de traducir esas sensaciones a palabras, nos sorprenderemos actuando de forma diferente a como lo hemos estado haciendo hasta ahora y sabremos que estamos haciendo lo adecuado porque tendremos una sensación de bienestar.

Esto puede llegar a ser una verdadera revolución para nosotros, porque nos podemos llegar a cuestionar muchas cosas de las que dábamos por sentadas. A todos nos gusta pensar que las cosas son como las hemos aprendido, así lo tenemos todo controlado. Pero hasta el último momento de nuestra vida nos tocará seguir aprendiendo y desechando conceptos erróneos.

Sentarnos en silencio para ponernos en contacto con nuestras sensaciones o dicho de otra manera poner en contacto la mente con la conciencia del cuerpo, es sólo un primer paso para ir acostumbrándonos a tener siempre cierta parte de la atención en el cuerpo. Él es nuestro verdadero maestro. Aunque tendremos que aprender a diferenciar los mensajes o directrices que nos da este maestro con otro tipo de sensaciones como pueden ser ciertas adicciones o, como ya hemos visto en la práctica de vipassana, las sensaciones de los sankharas. En realidad esto no es ningún problema porque nosotros lo único que tenemos que hacer es prestar atención a las sensaciones, sean del tipo que sean. El entendimiento que tenga que tener nuestra mente intelectual ya lo tendrá.

Nosotros sólo tenemos que prestar atención al dolor o al síntoma que sea sin rechazarlo y sin reprimirlo.


Si queréis profundizar más en el tema os dejo a continuación una bibliografía básica para que saquéis vuestras propias conclusiones:

- Web Reverse Therapy  

- El método Reverse Therapy.- John Eaton.- Ed. TARANNA.

- La mente es cuerpo físico, y el cuerpo es mente  

- PDF segundo cerebro  


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