Viernes, 10 Febrero 2017 20:22

Mahamudra I

Escrito por

Este artículo está inspirado en el libro: MAHAMUDRA. El Gran Sello o la vía del amor y la compasión de LAMA GUENDUN RIMPOCHÉ. Ed. Imagina. Y la mayoría de la información proviene de él.

Lama Guendun fue un gran maestro y poeta de la tradición kagyu del budismo tibetano. Este precioso poema que hay a continuación, ya lo había publicado anteriormente en este blog, Libre y relajado, un canto vajra espontáneo, pero ésta es otra traducción.


La felicidad no se encuentra con esfuerzo y voluntad,
pero reside aquí, cerca, en la relajación y el abandono.

No te inquietes, nada hay que deba hacerse.

Todo lo que surge en nuestra mente carece de importancia pues está desprovisto de toda realidad.

No te apegues a los pensamientos, no los juzgues, deja que el juego de la mente se haga solo.

Elevarse y caer, sin intervenir.

Todo se desvanece y vuelve a empezar, sin cesar.

La propia búsqueda de la felicidad es lo que te impide encontrarla,
como un arco iris al que perseguimos sin nunca alcanzarlo.

Porque no existe, porque siempre ha estado ahí, y te acompaña a cada instante.

No creas en la realidad de las cosas buenas o malas: son semejantes a arcos iris.

Queriendo atrapar lo inalcanzable, nos agotamos en vano.

Así nos desprendemos de este apego, el espacio está ahí, abierto, acogedor y confortable.

Disfrútalo.

No busques más.

Ya todo es tuyo.

Para qué acechar en la jungla inextricable al elefante que permanece tranquilamente en su territorio.

Deja de hacer,
deja de forzar,
deja de querer.

Y todo se realizará solo,
naturalmente.

Gendun Rimpoché


Pequeño canto del corazón perfectamente puro
escapado de mi boca:

Situarse más allá de todas las nociones
de sujeto y objeto, es la visión real.

No actuar, no meditar, no distraerse,
es la meditación real.

Sin esfuerzo, sin rechazo, sin adhesión,
es la acción real.

Más allá de toda esperanza y temor,
el fruto se vuelve visible.

Trascendiendo todo punto de referencia,
no existiendo ya la mente, su verdadera naturaleza
se revela.

Sin recorrer tierras ni caminos, mantenemos el hilo
de la vía de la budeidad.

Meditando sin objeto de meditación,
obtenemos el insuperable despertar.

Gendun Rimpoché


Mahamudra significa literalmente "Gran símbolo" o "Gran sello". Camino espiritual propio de la tradición kagyu del budismo tibetano. En tibetano se dice chagya chempo: cha, significa "símbolo", hace referencia a la naturaleza de buda presente en todos los seres. Gya, "vasto", indica que esta realidad última no tiene ni talla ni límite, engloba toda la realidad. Chempo, se traduce por "grande" y significa que no hay nada más que deba realizarse fuera de la naturaleza intrínseca de todas las cosas y que no puede encontrarse fuera de nuestra propia mente.

El mahamudra es una práctica que se aprende habitualmente al finalizar toda enseñanza, es decir, después de haber practicado tantra. Se considera también como la última práctica del tantra. Y se ha enseñado siempre a muy pocos discípulos, sólo a los que estaban muy preparados. Aunque se tiene por la última práctica a realizar contiene en sí misma todo lo que se necesita para despertar.


VajradharaDorje y Campana

Vajradhara, "Depositario del Vajra", en tibetano Dorje Chang. Divinidad que simboliza el despertar último. Sostiene el dorje (en sánscrito vajra , en español diamante) y la campana cruzados a nivel de su corazón, como símbolo de la unión de los medios y de la sabiduría, cuyo fruto es el despertar.


Dice Gendun Rimpoché: Meditar es dejar que la mente permanezca en el presente, sin creación, sin artificios, sin interferencias, sin alterar lo que está aquí y ahora, en este instante. La mente, al encontrarse en su estado natural, se establece en una sensación de calma. Nada puede agitarla. La meditación es esta relajación, esta distensión de la mente.

Cuando hablamos de relajación no se trata de dejar caer el cuerpo o que la mente se pierda en la nada, sino de establecer mente y cuerpo en un estado de meditación en que la agitación amaina y llega la calma, permitiendo que la relajación se produzca naturalmente.

Meditar es dejar la mente libre de todo apego, más allá de la noción de sujeto y objeto, en una perfecta relajación, devolviéndola a su estado natural. Permanece entonces sin distracción. (...)

Estando la mente libre de la noción de sujeto y objeto, todo se revela progresivamente como vacío de realidad. Acompañando este vacío, viene una experiencia de relajación y de bienestar en donde ya no distinguimos el cuerpo de la mente. Si proseguimos esta meditación, las situaciones se aclaran y una nueva cualidad aparece: la claridad o luminosidad. Poco a poco estos tres elementos están presentes simultáneamente: la claridad, la relajación o bienestar y la ausencia de análisis conceptual.(pp. 59 - 60).


Hay que meditar libres de todo temor y de toda esperanza (de obtener algo concreto), sin la más mínima inquietud. Para ello basta con reconocer que los estados mentales encontrados son la propia mente. Cuando la mente está tranquila, es la mente. Cuando está agitada por pensamientos, es también la mente. Cuando somos conscientes de uno u otro de estos estados, es también la mente. Es pues inútil esforzarnos en hacer una distinción entre estos dos estados. Los pensamientos e ideas de todo tipo que atraviesan nuestra mente y que calificamos de buenos o de malos no son más que la propia mente.

No hay razón para querer suprimir un estado y privilegiar otro, porque ambos son igualmente vacíos.

Si os encontráis en la situación de pensar que meditáis de forma correcta, no rechacéis este pensamiento, simplemente observad al que piensa tal cosa. Observad al sujeto. (...) Hacemos exactamente lo mismo si pensamos que nuestra meditación es mala o que nuestra mente posee demasiados pensamientos. Observad entonces al que piensa, al que tiene esta idea; descubrid que no hay sujeto que piensa y llevad esta comprensión hasta la realización. (pp. 72 - 73)


Es necesario mirar directamente a la mente durante la meditación, examinándola una y otra vez, hasta que en nosotros surja la certidumbre de la verdad de su inexistencia (de una mente individual). Esta comprensión no puede obtenerse por el intelecto. Las palabras y las definiciones no bastan para producir una realización auténtica de la naturaleza de la mente. Es por la contemplación repetida de nuestra mente que tomamos conciencia que el mundo a nuestro alrededor no es más que la proyección de la mente, su luminosidad y radiación. Meditemos pues hasta que realicemos el carácter inseparable de la apariencia y de la mente. Una vez adquirida esta certeza, nos damos cuenta de que ya no es necesario suprimir la apariencia durante la meditación. No es necesario negar nuestras percepciones, bloquear nuestros sentidos ni crear artificialmente una idea o dimensión vacía. Permanecemos simplemente en la conciencia de la unión de la manifestación y de la vacuidad, conscientes de que la forma es el vacío, que el vacío es la forma y que todo ello no es más que la manifestación espontánea de la mente. Así, descubrimos que el sujeto que se aferra y el objeto al que nos aferramos no son dos, sino simplemente la proyección ilusoria de nuestra propia mente. Cuando alcanzamos este estado de abertura y comprensión, es la auténtica meditación. Si nos conformamos con sentarnos, permaneciendo el sujeto que contempla un objeto, nunca superaremos la dualidad entre el que medita y su meditación. (pp. 79 - 80)


Meditar con el fin de realizar la naturaleza de la mente es muy simple. No es necesario dirigirse a ningún lugar especial ni realizar un trabajo para producirla. No es el resultado de laboriosos esfuerzos. Basta con sentarse, dejar que la mente permanezca en sí misma y observar la esencia del que piensa que es difícil encontrar la verdadera naturaleza de la mente. De este modo, descubrimos inmediatamente la naturaleza de la mente, muy próxima y siempre disponible. Todos los interrogantes sobre nuestra capacidad de reconocer su naturaleza son inútiles, puesto que ya está presente en nosotros. Si la mente se busca en sí misma, se ve a sí misma. Si comprende que el que busca y el que es buscado no son dos, se encuentra naturalmente. Por el momento, no contemplamos su esencia porque no sabemos cómo mirar. No se trata de una falta de capacidad, sino de desconocer los medios que debemos aplicar para poder verla. Debemos simplemente aprender el modo correcto para buscar y ver su auténtica naturaleza. (pp. 106 - 107)



BIBLIOGRAFÍA

- Mahamudra. El gran sello o la vía del amor y la compasión.- Lama Guendun Rinpoche.- Ed. Imagina.


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